Alta Estima Personal
Conocida como “autoestima”, es el grado de aceptación, valoración,
respeto, confianza, bienestar y amor que siente una persona por sí misma.
La calidad de las decisiones y elecciones que se hacen a lo largo de la vida
están influidas por el grado alto o bajo de autoestima que se tiene.
La baja autoestima repercute en la personalidad y estado anímico.
Se expresa como desequilibrio emocional (amargura, tristeza, apatía, dejadez o
desmotivación, dificultad de dar o recibir afecto, auto-culpa y daño psíquico o
físico a sí mismo), psicológico (conflictos y problemas conductuales),
psicosomático (depresión, insomnio, ansiedad, angustia, estrés…). Mantiene en
la inmadurez emocional, provoca la pérdida del respeto y los malos tratos
(hacia sí mismo y hacia otros).
Por su puesto, la autoestima guarda relación con la educación y las
experiencias vividas desde la infancia que están escondidas en el
subconsciente, pero toda persona puede reeducar su subconsciente para
elevar, fortalecer y potenciar su autoestima, y esto es de gran
importancia en nuestra sociedad actual, desde los niños hasta los mayores.
Todos conocemos la frase: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”.Sólo quien se
quiere a sí mismo puede querer a los demás, pues no se puede dar lo que no se
tiene. Se irradia lo que se posee en el interior.
Cómo elevar la estima personal:
Construir la propia seguridad es no depender, es actuar por sí mismo
teniendo en cuenta que “en ti tienes todo lo que necesitas”. Todos buscamos
afecto y aprobación y no recibirlo puede hacer sentirse inseguro. Lo buscamos
en los padres, en amigos, en los grupos, en la pareja, en un trabajo... Es
paradójico, pero no es allí donde se lo encontrará. La estima sólo se
encuentra dentro de sí mismo, interactuando con los demás.
Sabemos que el pensamiento y el sentimiento son energía y atraen energía
acorde. Lo que se emana es lo que se atrae. Quien se siente seguro
atraerá personas y situaciones que le refuercen su seguridad. Y viceversa.
Es cuestión de práctica -como todo-.
Así, para construirse valoración y seguridad, lo básico es guiarse por el
corazón. Poseemos dos centros de inteligencia: el emocional en el corazón y el
mental en el cerebro. Es al corazón a quien toca dirigir y señalar el
norte. El corazón sabe y nunca se equivoca, por lo que hemos de
aprender a escucharle. Y el cerebro es el encargado de poner todos sus recursos
en encontrar la mejor manera de ir hacia donde indica el corazón. Cabe
destacar, sin embargo, que hay que saber distinguir la “voz del
corazón” de la “voz del ego” (la cual viene de los apegos de la mente
a creencias en relación a las personas, cosas, situaciones, ideas, etc.).
Tomando en cuenta esto, otros varios aspectos influyen en alcanzar y
fortalecer una alta estima personal:
A. APRÉCIATE Y DATE ALIENTO.
Al alcanzar un logro, tanto como si no, hay que reconocerse el
esfuerzo de haberlo intentado. Si te aprecias te apreciarán.
Todo logro requiere de ponerle acción a los deseos. Desviarse de la meta
deja dos opciones: estimularse y volver a intentarlo o desalentarse
y olvidarlo (la conciencia lo peleará).
B. TOMA DECISIONES.
Ante cada momento de duda, preguntar al corazón, escucharlo y
arriesgarse. El corazón no se equivoca. Los riesgos son necesarios, y
los errores se han de tomar como una oportunidad para aprender y crecer. Tantas
más decisiones se tomen que hagan sentir bien y se las ponga en práctica, más
fuerza interior, seguridad y sabiduría se desarrolla: “autoestima”.
C. QUIÉRETE Y CREE EN TI MISMO.
Cada quien es único. Compararse con otros sólo deja
ansiedad. Todo lo que se presenta forma parte de la aventura de la vida: si
agrada, se agradece y disfruta; si desagrada, se busca la manera de superarlo
y, si no está en tus manos cambiarlo, aceptarlo traerá un cambio del punto de
vista. Ya llegarán tiempos nuevos.
Respetar las propias decisiones atrae el respeto de los
demás. Claro que también es válido hacer ajustes: la vida es un proceso
continuo y el cambio es su base. Lo primordial es escuchar y respetar al
corazón. Él indicará siempre el camino adecuado.
D. EVITA JUZGAR: a ti y a otros.
Los juicios sólo generan inseguridad. Es gasto inútil de
energía, agotan y conducen al “pobre de mí” (rol de víctima) y al sentimiento
de culpa por “ser mala persona”. Eres la mejor persona que has podido ser, y siempre
puedes poner de tu parte y ser cada vez mejor”. Has de reconocer que eres tan
valioso como cualquiera.
Juzgar a los demás también es inadecuado: hacen lo mejor que les permite su
conocimiento y su fuerza interior tras sus creencias y temores (igual que tú).
Es humano sentir enojo, frustración, dolor, resentimiento y emitir
juicios... Pero también lo es tranquilizarse y buscar un punto de vista más
amplio respecto a la situación y pensar: ¿cómo está el otro para que hiciera
esto?, ¿vale la pena gastar mi tiempo y energías en sentirme mal?, ¿cambiará
esto las cosas? Desde ahí, tomar una decisión y actuar en consecuencia.
Es sabio reemplazar los juicios por compasión. Ayuda
recordar que recibirás lo que das.
E. OBSÉRVATE EN TU COMUNICACIÓN.
A veces, las emociones obstaculizan y complican la comunicación. Sucede por
dos razones principales:
.- No siempre sabemos escuchar. Permitir al otro el tiempo de
terminar lo que dice, le hace sentir importante y comprendido. Así
que, si sientes el impulso de interrumpir para comentar algo, respira profundo
y sigue escuchando: si tu comentario es importante, tu corazón te lo recordará
a su momento.
Escuchar completo y con atención es una habilidad
inteligente. Se puede adiestrar. Otorga una amplia visión de la situación
dejando ver bien la responsabilidad propia y la del otro. Entonces, se tendrá
más claridad en lo que se debe decir. Y, lo más valioso, es que sabrás
escucharte a ti mismo. Si mientras el otro habla, piensas lo que argumentarás,
ambos resultarán cansados o heridos. Y quien no sabe escuchar a otro, no sabe
escuchar-se, a sí mismo.
.- Con frecuencia dejamos que las cosas se acumulen, dejamos pasar hasta que
un día estallamos (en palabras o en actitudes).
Estallamos porque saltan emociones viejas, provenientes de nuestros
pensamientos negativos más profundos. Sentimos miedo de que no guste lo que
sentimos, o de que nos retiren el afecto y aprecio, o de estar siendo y
haciendo algo malo y sentirnos especialmente culpables, o de que no somos o
hacemos suficiente, etc.
Y esto puede seguir sucediéndonos mientras practicamos y aprendemos, pero ya
sabes qué hacer en ese caso: reconoce tu falla (nadie es perfecto) y consulta a
tu corazón: te dirá qué hacer.
Comunica lo que piensas y sientes conforme se presentan las cosas.
A veces, puede parecer embarazoso decir algo a alguien pero, si lo haces con
“compasión”, finalmente ambos lo agradecerán. Será un favor para los dos.
Recordar cómo te gustaría que te hablen apoya a comunicarte
mejor con cada persona.
F. HAZ ALGO POR LOS DEMÁS.
Hacer o dar algo a alguien “por el simple hecho de poder hacerlo” deja grata
sensación, activa la sensibilidad del corazón, produce seguridad y confianza en
sí mismo, genera un cúmulo de energía positiva (para usar en un momento
“difícil”) y crea un “campo magnético de energía” que atraerá energía similar.
Pero atención con tres aspectos:
a) Cuidar de sí mismo y de los propios asuntos ha de ser prioridad.
Descuidarse por cuidar de otro muestra poco interés y amor propio. ¡Cuidado!,
cuando tú necesites ayuda este otro no tiene por qué venir a dártela. Y cuando
tus asuntos hagan crisis por falta de atención, te sentirás abusado, pero a
realidad será que tú mismo te abusaste al no cuidarte ni atenderte.
b) Cuidar es apoyar (escuchar, estar a su lado por si te
necesita, orientar, dar tu opinión -si te la pide-) y respetar
que haga lo que cree que debe para su bien. ¡Todos queremos esto! Ignora los
impulsos de interferir a que haga lo que tú crees que debe para su bien.
c) Cuidar de otro es ayudarle en un momento dado, no
hacerle todo, pues le niegas la oportunidad de aprender y responsabilizarse de
sí y sus cosas y crecer su auto estima.
G. MANTÉN EL ÁNIMO.
“No es lo que sucede lo que marca en tu vida, sino lo que haces con lo que
te sucede”. El aceptar las situaciones en actitud de madurez
dará la fuerza y conocimiento necesarios para cuidar de sí mismo y no salirse
del camino trazado.
Se puede alcanzar lo que se desee en la vida, sólo es cuestión de momentos y
aprendizajes, pero hay que mantenerse enfocado en los sueños y no permitir que
una situación desaliente. La fortuna se basa en la paz que se goza,
no en lujos ni conveniencias. Ante cualquier situación, recurrir primero al
corazón orientará sobre qué hacer.
H. MUESTRA AGRADECIMIENTO.
La vida y la gente dan más cuando se les agradece. Agradecer transforma un
día desagradable en uno tranquilo. No es conformismo: si se sabe agradecer lo
bueno se sabrá cambiar lo que se pueda para no sufrir con lo que no está en las
manos cambiar. Busca lo bueno en los “errores” que has cometido
(lo que aprendiste de ellos) y agradécelo.
Ir tras los “por qué” genera pena, frustración y presión. Todo en la
vida sucede por alguna razón y es para nuestro bien. Buscar el “para
qué” sucede y aprender de ello permite ver la situación desde otros ángulos no
conocidos, ampliando la visión de la vida; permite conocerse más y aumentar la
compasión, valía y seguridad; da campo para tomar decisiones más acertadas y
actuar adecuadamente para sí y el entorno.
I. COSECHA AMISTADES.
La mente, con sus miedos e inseguridades, crea expectativas idealistas del
otro. Basar la felicidad en la aceptación de otro, celar, desear en lugar de
dar... son inseguridad propia, proviene del ego, no del corazón. Discutir y
pelear no deja paz. Las relaciones son para conocerse más a sí mismo, cada
persona nos ofrece un “espejo” en el cual mirarnos. Por ello surgen
los choques y diferencias.
El reto está, justamente, en ofrecer el corazón para formar
cimientos, porque ello acrecienta la madurez y seguridad. Y aún si
tras el real intento hay separación (pues las diferencias son
irreconciliables), será de manera limpia, pacífica, sin rencor: desde el
corazón.
Es común creer que ofrecer el corazón deja vulnerable
: en posibilidad de ser lastimados de algún modo, ¡y no es
así! Se necesita valentía para expresar necesidades y sentimientos. Es lo
profundo del corazón lo que levanta cuando se está caído.
Ser el mejor amigo que se pueda ser trae a cambio buenos amigos.
Es la única manera. Se trata de lo que tú puedes ofrecer para que crezca una
amistad (no de lo que puedes obtener). Da al amigo aceptación y amor por quien
es. Además, vale oro que un buen amigo te diga lo que necesitas
escuchar en un momento importante (aún cuando no es lo que quieres
escuchar).
J. OBSÉRVATE EN TUS RESULTADOS.
Para ver qué pensamientos hay dentro de ti, obsérvate: tus
resultados son tus maestros.
Seguro recuerdas situaciones que justamente querías evitar y ocurrieron... O
aquellas que tanto deseabas y tu pensamiento y corazón te acompañaban. Pues,
cualquier pensamiento que ocupe la mente y se repita (consciente o
inconscientemente) se volverá realidad. Pensamientos positivos producen
resultados positivos, y viceversa. El pensamiento es energía creadora,
y ello deja 2 cosas en tus manos: “eres el responsable de tu vida”
y, como eres el creador, “lo que no te agrada, puedes cambiarlo”.
Puedes limpiarte de pensamientos absurdos por ti mismo, y puedes buscar apoyo
con un especialista.
K. IDENTIFICA TU PROPÓSITO DE VIDA.
Con frecuencia, determinar qué hacer es confuso y estresante, pero no tiene
por qué ser grave. La tensión es el resultado del conflicto entre la
mente y el corazón.
Un momento puntual en este caso es la adolescencia, pero muchos adultos aún
no conocen su propósito de vida o lo han perdido, por lo que se encuentran
descontentos, insatisfechos, sin sentido y a más… desesperanzados.
En la adolescencia implica ampliación de perspectivas. Saber qué hacer en la
vida y cuál carrera elegir requiere decisiones y cambios y ello ejerce presión.
Peor si se ve “obligado” a ser o hacer algo que no se siente claro o no es eso
lo que le gustaría, ello suma confusión y frustración. Este panorama no es muy
distinto para un adulto insatisfecho que desea cambios satisfactorios y
productivos.
Recomendaciones para cualquier momento de vida:
Apoyará un test vocacional e información sobre las carreras que le atraen,
así como conversar con profesionales en el ejercicio de esas carreras. También
ayuda escuchar la opinión de personas cercanas que nos conocen. Informase
da un panorama amplio de conocimiento para luego tomar decisión.
Sin embargo, cuando se tengan por delante las opciones posibles, acudir
al corazón para elegir. En este terreno, la gran diferencia la
dará el cuánto te conoces a ti mismo (¿sabes qué te gusta de ti y qué
cosas disfrutas hacer?, ¿estás claro en lo que hasta ahora has logrado ser,
hacer y tener y, además, en lo que todavía quieres llegar a ser, hacer y
tener?) Si aún no te conoces lo suficiente en estos aspectos y se te complica
averiguarlo por ti mismo, puedes buscar apoyo con un especialista.
Tomar la opción que más satisfaga al momento de decidir y
no presionarse si otra opción está “casi a su nivel”; desde el corazón no hay
peligro de equivocación. Es más, muchos tienen más de una carrera y son útiles
a sí mismos, a su familia y a la sociedad con todo lo que van aprendiendo. La
vida es un constante reto.
Para un adulto esto puede significar seguir trabajando un tiempo más en lo
que se está, pero si se hace viéndolo con satisfacción como el “trampolín”
hacia lo que se desea, el esfuerzo y tiempo de transición será más fácil. Un
apoyo terapéutico puede suavizar el momento, aclarar el panorama y ayudar a
identificar los recursos y el plan de acción.
Cabe recordar que lo que nos afecta no es la
situación que se nos presenta, sino cómo hacemos con ella.