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jueves, 28 de octubre de 2010

La sociedad capitalista como generadora de la fobia social




La sociedad capitalista como generadora de la fobia social


Leo un interesante artículo de Jaime Richart que entre otras cosas explica el problema de la fobia social como una consecuencia de la vida competitiva en las sociedades capitalistas.
Seguidamente transcribo una parte del artículo:

La identidad y esas recetas son sólo cosas de gente distinguida, de ricos, para ricos y acomoda dos. Los demás carecemos de identidad y de ego. Dígasele a ése para quien el ahora es una rutina abominable o un infierno, a ese otro al que le ha visitado la ruina física, material o moral, o a aquél que sólo se puede dedicar a sobrevivir que, para soportar el pre­sente, no piense en un pasable pretérito o en un bello sueño…
Una pedagogía entre religiosa y psicológica tendente a anularnos el presente y el yo, está a la orden del día. Se demanda constante auto defensa y autoayuda. La sociedad capitalista pierde cohesión a pasos agigantados y promueve la individualización patológica cada vez más. El todos contra todos es lo que predomina. De aquí la búsqueda constante de la protección psicológica y moral frente a los demás pero sobre todo frente a uno mismo, pobres de nosotros, materia, ceniza, pavesas…
Llamo dolor social a esa confrontación que el humano ha de librar con sus congéneres en una sociedad especialmente competidora y primitiva en tantos aspectos aunque aparente desarrollo. Primero en ella se inocula la enfermedad del ego ilusionando al infante con so­bresalir y triunfar, pero luego hay que proporcionarle los sinapismos para la derrota de ese ego que tarde o temprano llega siempre en una u otra forma. Con prozac, con la visita del psicólogo y con la auto ayuda obsesiva se resuelven las cosas de la perra vida en la sociedad canallesca y capitalista…

Del “dolor social”, que se convierte fácilmente en fobia social, naturalmente, se resienten unos más que otros. Todo depende del grado de sensibilidad personal de cada cual. Unos se libran de él precisamente no sólo no anulando el ego sino reforzándolo, pensando exclu­sivamente en sí mismos, obviando los avatares ajenos; los avatares, tanto los de quienes les hace imaginar que son más felices que ellos como los que son dignos de compasión. Los otros tratan de anularlo o se les incita a suprimirlo. Así se hacen al final pasto suculento de los tejemanejes del insaciable mercado y piezas muertas del otro mercado, el que ventila el tráfico laboral.
No creo en absoluto que el remedio a la infelicidad presente esté en suprimir el ego. Tampoco está en hincharlo. No se trata de olvidarnos de nosotros pensando demasiado en los demás. Ni se trata de no pensar en los demás y sólo pensar en uno mismo. Ni creo que vivir exclusivamente el ahora a menos que sea agradable y favorable sea solución. La existencia es un juego administrativo que requiere tensión y elasticidad, adaptación y rebeldía. Todo dosificado. Aquí, en la dosis, radica el secreto de una vida en plenitud. Generalmente mora­listas y recetistas de la felicidad o de la huida de la infelicidad, lucen pretensiones ecuménicas o universales como si todo el mundo viviera materialmente desahogado y pudiera luchar contra el ego y atenerse sólo al ahora.
No tienen en cuenta que los humanos, en estas sociedades tan desigualitaristas, viven en dos planos completamente distintos que imprimen sentidos diferentes a la vida. No es lo mismo el independiente que vive de las rentas o disfruta de una pensión, que la vida del trabajo por cuenta ajena que es como vive la inmensa mayoría.
La disyuntiva: o yo o el otro tiene mal arreglo. Si elegimos el yo y tenemos una mínima sensibilidad no será difícil que nos asalte la sensación de haber abusado de él, y si pensamos en el otro más que en nosotros mismos terminaremos con la impresión de que somos tontos.
Hay que vivir el ahora, que, por cierto, no existe propiamente como tal porque es a duras penas sólo una sucesión permanente del instante. Pero que no me anulen el pasado, la nostalgia, la añoranza, el ensueño de la vida hermosa que raro es el humano que no ha tenido alguna vez; que no me anulen tampoco el futuro, la esperanza, la ilusión por un mundo mejor y por un alma, la nuestra, en constante perfección. Que no me priven de mi imaginación. Que no me atosiguen esos autores de autoayudas. Lo tengo claro: cualquier pasado fue mejor. Y cualquier futuro es esperanza. No estoy dispuesto a renunciar ni a la nostalgia unas veces, ni a la ilusión de un mundo nuevo. Ello, aunque sólo sea por confiar en un sueño profundo y reparador.
El ego sobredimensionado es enemigo de los otros y hace fácilmente insoportable el presente. Pero nada se consigue anulando el ego. Sólo poner en bandeja a los demás nuestra miseria. Lo que hemos de hacer es justamente lo contrario: robustecerlo. Robuste­cerlo con medida, pero robustecerlo; no permitiendo que sean los demás protagonistas de nuestra existencia. La conciencia del presente, por otro lado, esa consciencia de los sesenta segundos de que se compone el minuto, es, aun dolorosa, vida. No lo niego. Pero para so­portar mejor el presente, nada como soñar unas veces con el pasado y otras con un futuro ilusionante aunque jamás llegue.
Los libros de autoayuda, los consejos de moralistas religiosos y los eticistas capitalistas, sirven para impedir la Revolución que el mundo pide a gritos, sofocados por los poderes fácticos e institucionales, por los medios y por la publicidad.

Psicología de Bolsillo

Psicología de Bolsillo


Cuando en 1859 Samuel Smiles publicó Self-Help! (¡Ayúdate!), abrió, probablemente sin saberlo, un universo de infinitas posibilidades. Inauguró el género de la narrativa de autoayuda contemporánea y, en cómodos fascículos, puso teóricamente al alcance de cualquiera las claves básicas del éxito y la felicidad. Sin embargo, Smiles aún se encontraba inmerso en una concepción victoriana en la que mostrar las emociones abiertamente era considerado descortés y el yo seguía siendo un desconocido. Faltaban todavía varias décadas para que se asentase el concepto de autorrealización y los libros de autoayuda se convirtiesen en el santo grial para millones de personas. Además, quedaba pendiente que la psicología se convirtiese en ciencia y, sobre todo, que Freud, Maslow y compañía entrasen en escena. Y ambas cosas, en el caso del psicoanalista, ocurrieron casi de forma paralela en el último tramo del siglo XIX. Antes de esas fechas, los trastornos mentales se habían tratado de una manera heterodoxa, en la que se entremezclaban filosofía y superstición. Pero, a partir de las aportaciones de Wilhem Wundt, fundador del primer laboratorio psicológico en 1879, surge la idea de las enfermedades mentales como enfermedades del cerebro. Es decir, con base fisiológica. Se trata de la época de Pavlov y sus perros, de los primeros titubeantes pasos del conductismo, estructuralismo, funcionalismo… de todas las teorías que determinaron el rumbo de la psicología en el siglo XX.

En busca del yo
Pero, sin duda, la revolución que marcó el futuro de la psicología se fraguó en Viena, en el diván de Sigmund Freud. El precursor del psicoanálisis ejerció una influencia determinante sobre todas las teorías posteriores, al convertir los trastornos psicológicos en enfermedades tratables y a los enfermos, en sujetos recuperables. Paralelamente, democratizó las fobias, filias y complejos… Cualquiera podía ser ahora sujeto de atención y no sólo aquellos que mostrasen una conducta anómala. En cierto sentido, normalizó las patologías, pero, a la vez, también problematizó la normalidad. Sobre todo a partir del viaje de Freud a Estados Unidos en 1909, sus teorías corrieron como la pólvora y su éxito popular propició que en el lenguaje común comenzasen a aparecer cada vez con mayor frecuencia palabras como lapsus linguae, subconsciente, líbido, ego o superyo. Se trataba de las primeras aportaciones al lenguaje terapéutico que serviría de base para la futura narrativa de autoayuda. Sin embargo, por ahora, sólo se podía hablar de una literatura de consejos, aún minoritaria, pero que preludiaba el nacimiento de la psicología popular.

El libro de bolsillo
Según cuenta la socióloga Eva Illouz en su libro Intimidades congeladas, fue en el periodo de entreguerras y tras la Segunda Guerra Mundial cuando la literatura centrada en la psique humana y cómo entenderla dio el salto definitivo a las masas. Todo gracias, fundamentalmente, a la revolución del libro de bolsillo. En 1930, el editor alemán Kurt Enoch funda Albatross. En 1935, surge en Inglaterra Penguin y, en 1939, el empresario Robert de Gral crea en Estados Unidos la editorial Pocket Books. El formato, barato y accesible, arrasó en el mercado. Los libros de bolsillo comenzaron a comercializarse en quioscos, farmacias, gasolineras o estaciones de tren acercando la cultura a las clases media y media-baja. Sobre todo en Norteamérica, uno de los géneros que mejor encajó con el nuevo formato fue la narrativa de consejos. La psicología se convirtió en una industria cultural emergente de pingües beneficios, saltó a las calles y se incorporó al saber popular. Junto a las tesis psicoanalíticas, comenzaron a difundirse masivamente otras menos deterministas.
La teoría de la autorrealización, de Abraham Maslow, fue protagonista indiscutible a partir de los cincuenta. Maslow mantenía que, según se satisfacen las necesidades básicas, los seres humanos desarrollamos necesidades y deseos cada vez más elevados hasta llegar a la autorrealización, el alcanzable estado mental ideal al que, teóricamente, se debe aspirar. La atractiva idea de que la felicidad es posible tuvo un éxito inmediato. Surgieron cientos de escritores que recogieron el testigo y propusieron vías para llegar a ese bienestar espiritual: aprender a amarse uno mismo, no juzgar si no se quiere ser juzgado, que toda culpa es mala, encontrar tu diosa interior, plantar un árbol… y cientos de consejos más, expresados como verdades pseudocientíficas lo suficientemente genéricas como para satisfacer a todos los públicos y utilizando un lenguaje pretendidamente terapéutico y neutral.

Los dorados años sesenta
Fue el comienzo de los libros de autoayuda que vivieron su mayor esplendor en los sesenta, época dorada del viaje interior. Los no realizados se convirtieron en sujetos incompletos que había que arreglar. Las emociones pasaron del ámbito privado a objetos que debían ser pensados, expresados, discutidos, debatidos, negociados e, incluso, justificados. Se expulsó el dolor psíquico de la experiencia humana gracias a la bioquímica. Ahí estaba. Era el nacimiento de un nuevo tipo de ser humano, centrado en el propio yo e integrado en un modelo emocional capitalista e individualista, que aún continúa en plena vigencia. Lo llamó Homo sentimentalis… al que cualquiera puede ponerle cara de Woody Allen.

La psicología popular : una trampa

La psicología popular : una trampa 

No es lo mismo la psicología popular que, qué popular es la Psicología. Ciertamente la Psicología en los últimos 15 años, se ha difundido profusamente, por los conflictos que vivimos hoy en día. Nadie, definitivamente, se escapa de padecer algún tipo de apuro económico, laboral, familiar, amistoso, de amor, etc. lo cual genera angustia, incertidumbre, miedo y estrés.
La respuesta no se ha hecho esperar, la psicología popular ha fijado sus reales, con una seductora serie de inútiles esfuerzos por explicar y aliviar el dolor de los humanos. Controvertible, por supuesto, es el hecho de las grandes ganancias que los psicólogos populares han hecho como autores de verdades psicológicas que en realidad son únicamente fantasía y engaño. Tales psicólogos (con minúsculas) no han pasado por las escuelas y facultades de Psicología o, de plano, cruzaron tales sitios por una cuestión de mera casualidad; algunos de ellos han tomado cursos dentro de una finita variedad de opciones no profesionales y otros, francamente, se han formado en las esquinas de sus barrios, casas y lugares que no tienen nada que ver con la Psicología.
¿Trabajo peligroso? Realmente sí, si tú, estimado lect@r, has caído alguna vez en manos de un psicólogo popular. Es una circunstancia que no obedece a la fatalidad o “mala suerte”, sino a la necesidad que tiene la gente de encontrar respuestas a sus problemas y, precisamente los psicólogos populares se presentan para prometer alternativas que son en realidad un matemático negocio. El mundo entero está repleto de psicólogos populares y de ocasión; recordemos por ejemplo, los especialistas en resolver problemas de pareja, amorosos, de familia, de adicciones, de sexualidad, etc. Los que aconsejan, dictan palabrería de qué hacer, los que apuestan a los números, a las fórmulas para obtener felicidad por lo menos un día, etc.
Definitivamente la psicología popular y de ocasión continuará ante la desesperada búsqueda de respuestas y alternativas que la gente requiere, mediante una confusa mecánica en la cual a la gente se le dice qué hacer; es decir, no se le estimula a pensar. Hay una gran diferencia entre realizar algo que me dijeron que a mí me funciona, versus cómo realizo la operación de pensarme a mí mismo, con base en lo que reconozco que he llevado a cabo y lo que he dejado de hacer. Enorme diferencia.
La próxima oportunidad que te des, estimada lectora – lector, en buscar apoyo, ayuda psicológica, que construya alternativas y herramientas para ti, tu pareja o tu familia, piensa por qué puede darte tanta confianza alguien que te dice qué hacer en lugar de realizar el esfuerzo de buscar un profesional que te va a invitar a reflexionar. Recuerda que los charlatanes trabajan exclusivamente con base en fórmulas – consejos – recetas – pócimas – etc. No te dejes engañar ni por ellos, ni por tu desesperación; los psicólogos de ocasión, los populares tienen fecha de caducidad con sus procedimientos. 

Los cincuenta mitos de la Psicología popular

Los cincuenta mitos de la Psicología popular

A la psicología le caen muy frecuentemente charlatanes, creyentes y uno que otros psicoanalista despistado. Un texto de Lilienfeld y colaboradores, titulado 50 great myths of popular psychology: shattering widespread misconceptions about human behavior, puede ser una luz dentro de tanta falsedad, mitos, falacias, engaños y pseudociencia que quieren tener carta de naturalización en donde no tienen cabida. En las siguientes entradas enumeraré los mitos abordados en el libro en mención. Los autores explican y demuestran con evidencia científica los argumentos contrarios creencias populares o mitos de la Psicología popular. El texto en español se llama: 50 grandes mitos de la psicología popular: las ideas falsas más comunes sobre la conducta humana (Biblioteca Buridan)



Poder cerebral. Mitos acerca del cerebro y la percepción.
1 La mayoría de las personas utilizan sólo el 10% de su capacidad cerebral.
2 Algunas personas funcionan más con el lado izquierdo del cerebro, otros con el derecho.
3 La percepción extrasensorial es un fenómeno científico bien establecido.
4 La percepción visual vayan acompañados de pequeñas emisiones de los ojos hacia el mundo externo.
5 Los mensajes “subliminales” pueden persuadir a la gente a comprar productos.


Desde el vientre hasta la tumba: Mitos sobre el desarrollo y el envejecimiento.
6. La reproducción de música de Mozart aumenta la inteligencia de los bebés.
7. La adolescencia es inevitablemente un tiempo de alteraciones y conmociones psicológicas.
8. La mayoría de las personas experimentan una crisis de la edad de 40 ó 50 años.
9. Un anciano tendrá insatisfacción creciente y senilidad.
10. Al morir, la gente pasa a través de una serie universal de las etapas psicológicas.

Una remembranza de lo perdido: Los mitos sobre la memoria.
11. La memoria humana funciona como una grabadora o cámara de vídeo, y con precisión registra los acontecimientos que hemos vivido.
12. La hipnosis es útil para recuperar recuerdos de sucesos olvidados.
13. Las personas comúnmente reprimen los recuerdos de experiencias traumáticas.
14. La mayoría de las personas con amnesia olvidan todos los detalles de su vida

** La psicología es una ciencia y a esta ciencia se le han adherido mitos que sólo son eso, mitos y no conocimiento científico.
Continúo con los mitos, falacias, mentiras, creencias y/o pseudociencia:
Enseñanza de nuevos trucos a perros viejos: Los mitos sobre la inteligencia y el aprendizaje.
15. Las pruebas de inteligencia están sesgadas en contra de ciertos grupos de personas.
16. Si no estás seguro de tu respuesta al tomar una prueba, lo mejor es quedarse con tu corazonada inicial.
17. La característica definitoria de la dislexia es invertir las letras.
18. Los estudiantes aprenden mejor si los estilos de enseñanza se adaptan a sus estilos de aprendizaje

Estados Alterados: Los mitos sobre la Conciencia.
19. La hipnosis es un estado de “Trance” único que difiere en en clase y no grado de la vigilia.
20. Los investigadores han demostrado que los sueños poseen un significado simbólico.
21. Las personas pueden aprender nueva información, como nuevos idiomas, mientras duermen.
22. Durante la experiencia “Fuera del Cuerpo”, la conciencia de la gente deja su cuerpo.

Tengo un sentimiento: Mitos sobre la emoción y la motivación.
23. La prueba del polígrafo (“detector de mentiras”) es una medida precisa para detectar deshonestidad.
24. La felicidad es principalmente determinada por nuestras circunstancias externas.
25. Las úlceras son causadas principalmente o enteramente por el estrés.
26. Una actitud positiva puede evitar el cáncer.


*** Toca ahora el turno a los mitos relacionados con el comportamiento interpersonal, la personalidad y las enfermedades mentales.

El animal social: Los mitos sobre el comportamiento interpersonal.
27. Los opuestos se atraen: Nos sentimos muy románticamente atraídos por personas que difieren de nosotros.
28. A mayor número de personas en una emergencia, mayores serán las posibilidades de que alguien intervenga.
29. Los hombres y las mujeres se comunican de formas completamente diferentes.
30. Es mejor expresar la ira abiertamente a los demás que para mantenerla.

Conócete a ti mismo: Los mitos acerca de la personalidad.
31. Niños criados de manera similar tendrán personalidades similares en su vida adulta.
32. El hecho de que un rasgo sea heredado significa que no se puede cambiar.
33. La Baja autoestima es una causa importante de problemas psicológicos.
34. La mayoría de personas que fueron víctimas de abuso sexual en la infancia desarrollan alteraciones graves de la personalidad en la adultez.
35. Las respuestas de las personas a las pruebas con manchas de tinta dice mucho sobre su personalidad.
36. Nuestra escritura revela nuestros rasgos de personalidad

Triste, malo y enojado: Los mitos sobre la enfermedad mental.
37. Las clasificaciones psiquiátricas pueden ocasionar daño debido a la estigmatización de las personas.
38. Únicamente la gente profundamente deprimida comete suicidio.
39. Las personas con esquizofrenia tiene múltiples personalidades.
40. Hijos adultos de alcohólicos muestran un perfil diferente de síntomas.
41. Recientemente hay una epidemia masiva de autismo infantil.
42. La admisión a hospitales psiquiátricos Psiquiátrico y los crímenes aumentan durante luna llena.


**** Se enumeran cuatro mitos relacionados con las leyes o el derecho, y cuatro mitos relacionados con los tratamientos psicológicos:

Desorden en la Corte: Los mitos sobre Psicología y Derecho.
43. La mayoría de los enfermos mentales son violentos.
44. Los perfiles criminales ayudan a resolver los casos.
45. Una gran proporción de delincuentes utilizan exitosamente a la locura como defensa.
46. Prácticamente todas las personas que confiesan un delito son culpables de éste.

Habilidades y píldoras: Mitos sobre Tratamiento Psicológico.
47. Juicio de expertos y la intuición son el mejor medio para tomar decisiones clínicas
48. La abstinencia es el único objetivo realista para el tratamiento de alcohólicos
49. Todas las psicoterapias eficaces obligan a las personas a enfrentar la “raíz” de las causas en sus problemas de la niñez
50. La terapia Electro-convulsiva (“electro schock”) es un tratamiento físicamente peligroso y brutal.



Hay mitos en la psicología que son eso, mitos, y que han sido considerados, de manera equívoca, conocimiento científico psicológico. Sin embargo, hay cosas peores, hay charlatanerías, pseudociencia e ignorancia que pasan por psicología, se mencionan en espacios académicos como información académica, científica (incluso para atacar la ciencia misma) y la gente no se entera, porque después de todo la ignorancia para muchos es más cómoda que el conocimiento.
¿Qué sistema académico tenemos que ni nuestros académicos son capaces de diferenciar superstición de práctica científica?
No tengo duda que algunas personas hayan mejorado su bienestar psicológico depositando sus convicciones en el gurú de enfrente. La pregunta es ¿cuál es el costo? La respuesta es: el camino al oscurantismo.
Quien mejoró su salud depositando su confianza en prácticas esotéricas, la mejoró por otras variables que no son las que cree. Imaginamos que alguien va cayendo en un vacío, queda atorado sin saberlo de alguna rama y supone que, por ejemplo, haber cerrado los ojos lo salvó. La próxima vez que caiga al vacío, en lugar de buscar una rama, cerrará más fuerte los ojos… Morirá. Es lo mismo con las medicinas y terapias alternativas. Es el costo de errar el camino de la evidencia por el de la superstición.
Suponer como verdad relaciones falsas conduce a caminos con destinos inexistentes que más temprano que tarde serán precipicios.
La homeopatía, aunque no en el terreno de la psicología, es un buen ejemplo. Creer que pastillas azucaradas (perdón, homeopáticas) podrían curar el sida, haría que éste se propagara por equivocar el camino. Los principios que regulan la homepatía son absurdos. Reducir algo a su mínima expresión, como lo hace la homeopatía, para que tenga más poder es absurdo. Si así fuera, la gente que vive con muy buenos niveles de agua potable estaría al borde de la muerte, pues el agua potable tendría mínimas e insignificantes partículas contaminantes. Así, que siguiendo la absurda lógica de la homeopatía, una mínima cantidad de contaminante debería dejar fulminada a la población más sana. O bien yo agarraría tremenda borrachera con diluir una gota de vino, en un litro de agua, y diluir una gota de esa mezcla en otra botella de agua limpia y en otra y en otra. Entre más diluida y agitada esté la gota más borrachera tendría. Eso es la homeopatía, diluir y agitar. Por mucha “magia” y “truco” que tenga la agitada, cualquier cosa perderá su poder. Claro los homeópatas, y algunos bien intencionados y honestos creyentes de su práctica, suponen que el agua tiene memoria. Insisto, si tuviera memoria, la borrachera que me pondría con la gota de vino diluida en una alberca sería de antología. Pero no, las cosas más bien funcionan al revés. Una bomba entre más carga de explosivos tenga, más poder tendrá. Entre menos contaminantes tenga una gota de agua, más pura estará y más benéfica para el organismo será.
Esto que estás leyendo es gracias al conocimiento científico y al avance tecnológico, no a la telepatía. El flujo de electrones que permite muchos de los procesos que hacen que leas esto, no es producto de poderes mentales telekinéticos, es gracias al conocimiento científico que hace a un lado la charlatanería y a veces tienen que luchar contra ella para que tú puedas leer esto, para que los niños tengan vacunas y para que la gente no muera malaria o tuberculosis.
Las flores de Bach no son terapia psicológica basada en conocimiento científico, como tampoco lo son las constelaciones familiares y otros ritos similares. Son grupos de creencias en el mejor de los casos. Creer en ellas y no ponerlas a prueba es un camino directo al precipicio.
Afortunadamente la psicología, como ciencia, no toca estos caminos. Más bien esos caminos, buscan un ropaje psicológico y un lugar en donde anidar. La psicología científica, estudia con rigor el aprendizaje, la memoria, la conducta, las emociones o la cognición. Pone a prueba hipótesis. A veces verifica hipótesis, a veces las rechaza. No es un conjunto de dogmas. Es un conocimiento producto del cuestionamiento, de las pruebas de laboratorio, de la duda. Si escuchas de una “cura psicológica”, que no ha sido sometida a riguroso control experimental, que no ha sido medida con instrumentos confiables y válidos o no ha sido publicada en revistas científicas, es altamente probable que esa cura psicológica, no sea más que una expresión de la superstición en turno, de la ignorancia científica o de la falta de rigor metodológico.
Una disculpa adelantada si alguien se siente lastimado por estos comentarios. Los comentarios son sobre las ideas, no sobre las personas.