jueves, 28 de octubre de 2010

La psicología popular : una trampa

La psicología popular : una trampa 

No es lo mismo la psicología popular que, qué popular es la Psicología. Ciertamente la Psicología en los últimos 15 años, se ha difundido profusamente, por los conflictos que vivimos hoy en día. Nadie, definitivamente, se escapa de padecer algún tipo de apuro económico, laboral, familiar, amistoso, de amor, etc. lo cual genera angustia, incertidumbre, miedo y estrés.
La respuesta no se ha hecho esperar, la psicología popular ha fijado sus reales, con una seductora serie de inútiles esfuerzos por explicar y aliviar el dolor de los humanos. Controvertible, por supuesto, es el hecho de las grandes ganancias que los psicólogos populares han hecho como autores de verdades psicológicas que en realidad son únicamente fantasía y engaño. Tales psicólogos (con minúsculas) no han pasado por las escuelas y facultades de Psicología o, de plano, cruzaron tales sitios por una cuestión de mera casualidad; algunos de ellos han tomado cursos dentro de una finita variedad de opciones no profesionales y otros, francamente, se han formado en las esquinas de sus barrios, casas y lugares que no tienen nada que ver con la Psicología.
¿Trabajo peligroso? Realmente sí, si tú, estimado lect@r, has caído alguna vez en manos de un psicólogo popular. Es una circunstancia que no obedece a la fatalidad o “mala suerte”, sino a la necesidad que tiene la gente de encontrar respuestas a sus problemas y, precisamente los psicólogos populares se presentan para prometer alternativas que son en realidad un matemático negocio. El mundo entero está repleto de psicólogos populares y de ocasión; recordemos por ejemplo, los especialistas en resolver problemas de pareja, amorosos, de familia, de adicciones, de sexualidad, etc. Los que aconsejan, dictan palabrería de qué hacer, los que apuestan a los números, a las fórmulas para obtener felicidad por lo menos un día, etc.
Definitivamente la psicología popular y de ocasión continuará ante la desesperada búsqueda de respuestas y alternativas que la gente requiere, mediante una confusa mecánica en la cual a la gente se le dice qué hacer; es decir, no se le estimula a pensar. Hay una gran diferencia entre realizar algo que me dijeron que a mí me funciona, versus cómo realizo la operación de pensarme a mí mismo, con base en lo que reconozco que he llevado a cabo y lo que he dejado de hacer. Enorme diferencia.
La próxima oportunidad que te des, estimada lectora – lector, en buscar apoyo, ayuda psicológica, que construya alternativas y herramientas para ti, tu pareja o tu familia, piensa por qué puede darte tanta confianza alguien que te dice qué hacer en lugar de realizar el esfuerzo de buscar un profesional que te va a invitar a reflexionar. Recuerda que los charlatanes trabajan exclusivamente con base en fórmulas – consejos – recetas – pócimas – etc. No te dejes engañar ni por ellos, ni por tu desesperación; los psicólogos de ocasión, los populares tienen fecha de caducidad con sus procedimientos. 

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