Salud y Enfermedad
Por siglos, la ciencia y la medicina han atendido por separado el cuerpo y
la mente. Se veía la enfermedad sólo como producto de factores hereditarios,
ambientales o de nutrición, y se atendía de acuerdo a su sintomatología.
Posteriormente han dado amplia aceptación a la interacción cuerpo-mente: lo
que ocurre en nuestra mente y en nuestra emoción afecta directa y
proporcionalmente al cuerpoEl cuerpo es el receptor-manifestador de lo
que sucede en lo emocional y mental. Entonces, al atender la causa (incomodidad
emocional, negatividad mental), la consecuencia (enfermedad) desaparece. La
medicina y las terapias alternativas han sido eficaces en la sanación de
enfermedades físicas o psíquicas.
Sin embargo, es ya mucha la gente que nota que un bienestar inmediato no
basta, que lo aliviado hoy reaparece mañana o aparece otra dolencia o
enfermedad. Muchos notan que hay algo más allá que es necesario sanar
y, ese algo, pasa por contemplar al ser humano como un todo, que la
sanación ha de ser integral. Cuando el cuerpo se manifiesta afectado,
sólo está diciendo que el Ser está muy incómodo con algo, que algo lo hace
sentir muy mal. Curar el cuerpo es temporal porque la raíz del
problema, el conflicto, está en el alma, y habrá de afrontarse tarde o
temprano. Se gesta así la necesidad de un cambio interior, la evolución
consciente y constante, el desarrollo personal. Entonces, ¿no es mejor temprano
que tarde?
Una de las funciones biológicas afectadas primeramente y a la que se le
presta poca o ninguna atención es la “respiración”. Fíjate cómo respiras:
¿fluido, pleno, constante, inhalando-exhalando buen volumen de aire… o
entrecortado, con dificultad, intermitente, inhalando-exhalando poco volumen de
aire? Tanto el cuerpo como las emociones nos hablan de un estado
interior de miedo, de insatisfacción, de resistencia… El cuerpo y las
emociones nos indican que el Ser está incómodo, y si aprendemos a escucharle,
él puede decirnos qué necesitamos y qué hacer.
Y si sanar es ir adentro, sanar es responsabilidad de cada quien. La médico
Ghislaine Lanctôt dice “El sistema de sanidad actual en el mundo atiende la
enfermedad y no la salud al tiempo que hace vulnerables a las personas al
volverlas ignorantes, dependientes y consumidoras de fármacos” y “El individuo
ha entregado su poder a los médicos y su dinero a los seguros”. Y yo le doy
mucha razón.
Vivir una vida plena, saludable y productiva requiere un orden natural:
primero Ser quien realmente se es; entonces Hacer,
de acuerdo a la naturaleza propia y propósitos de vida, y por consiguiente
vendrá el Tener.
Sin embargo, se suele ver la vida en el orden de “Hacer para Tener y
entonces Ser”, o de “Tener para poder Hacer y entonces Ser”, y mucho conflicto
humano se debe a ello. Si el ego (la personalidad) priva sobre el Ser se crea
un conflicto que genera estrés creciente a todo nivel. Si no es atendido y
resuelto, la emocionalidad se altera y, finalmente, se manifiesta una
enfermedad o afección en el cuerpo físico. Por supuesto, está bien que la
medicina atienda el cuerpo cuando sufre; pero para sanar, el orden correcto de
atención es:
Primero el Ser, luego la Mente, después la Emoción y
finalmente el Cuerpo.
En otras palabras, una afección o enfermedad física proviene directamente de
un estado emocional negativo sostenido, que ha sido generado por un profundo
pensamiento negativo limitante (inconsciente, en la mayoría de los casos)
porque el Ser está en miedo, en desagrado, en la no satisfacción ni
realización… en conflicto.
Es nuestra percepción e interpretación de un suceso, a la luz de
nuestro sistema de creencias, lo que nos marca, y no el suceso en sí.
Ante experiencias interpretadas como “negativas y fuertes” se tienen
pensamientos negativos y limitantes, para convertirse en creencias que rigen
nuestra percepción. Ellas causan un desequilibrio emocional que, sostenido en
el tiempo sin ser resuelto, en consecuencia va desequilibrando el
funcionamiento de algún órgano o sistema biológico. Cuando el sistema
energético se desequilibra se ha desequilibrado la salud.
Entonces, ¿cómo sanar? Se ha de ir al interior, al Ser, a indagar el
problema, lo que desagrada, atemoriza, lo que se echa en falta… Se ha
de determinar cuáles son las creencias y actitudes negativas
implicadas que causan daño, y trabajarlas hasta resolverlas.
“Resolverlas” es transformarlas en positivo, de manera que funcionen a favor -no
en contra-. Es ser más positivos, más proactivos, más nosotros mismos. Hacer
cambios vitales que nos lleven a los resultados deseados. Y sí, a la par
también ayudará el atender y aliviar lo físico o lo emocional desequilibrado.
Es reestablecer el equilibrio energético.
Nuestra cultura y sociedad, sin embargo, no educa ni entrena en el
auto-conocimiento, la autoexploración, la auto-indagación. Educa sí para mirar
y escudriñar lo que sucede afuera, pero no adentro. La física cuántica hoy
confirma que “como es fuera, es dentro”, por lo que, lo que está sucediendo que
no agrada, es dentro donde hay que resolverlo. El victimismo nada resuelve, las
culpas o el ignorar el problema tampoco.
Tener una vida saludable y agradable es responsabilidad de cada quien. Y
enseñar esto desde las escuelas e institutos es vital para lograr un cambio a
una sociedad más humana y más sana. Y cuando mirar hacia adentro se dificulta, la
ayuda de una técnica específica y la orientación de un profesional ha de ser
deseada y no mal vista.
Siempre hay un nuevo día, siempre vuelve a amanecer y el sol sale para
todos. Nuestras células tienen la capacidad de auto-regenerarse, cada parte de
nuestro cuerpo se regenera cada tantos meses. Si es así para la naturaleza y lo
es para el cuerpo humano… por qué el absurdo de empeñarse y aferrarse a lo
negativo, a lo difícil, a la enfermedad.
Volver al orden correcto retorna a la salud: Ser > Hacer > Tener
Ya sé que el pensamiento al respecto es: “Eso es muy difícil”. Pero es eso,
un pensamiento negativo y limitante. Para mucha gente no es así, y esa gente
vive de otro modo. Todos conocemos o hemos conocido a alguien así. Entonces, sí
se puede, el alma nos dice que así ha de ser, pues hay que ponerlo en la mente
y emoción.
La calidad de lo que emitimos determina la calidad de lo que
recibimos de vuelta.
No hay culpas, pero sí responsabilidad. Sólo yo
puedo hacer cambios en mi interior para producir los cambios en mi vida…